Tras más de 30 años bajo la conducción de sus fundadores —Bruno Prats, Paul Pontallier y el enólogo chileno Felipe de Solminihac—, Viña Aquitania inicia una nueva etapa liderada por la segunda generación, con Eduardo de Solminihac y Florent Prats al frente del proyecto.
El cambio viene acompañado de una renovación de imagen en sus principales líneas de vinos, una evolución que busca expresar con mayor claridad la identidad de la viña y conectar con un consumidor que hoy valora el origen, la autenticidad y la calidad por sobre el volumen de consumo.

«Más que cambiar lo que somos, buscamos expresarlo mejor. Queremos una marca más clara y reconocible, que nos permita conectar con nuevos consumidores sin perder el vínculo con quienes nos han acompañado durante años».
señala Eduardo de Solminihac, gerente general de Viña Aquitania.
La principal transformación se concentra en la línea Aquitania, que simplifica su identidad visual destacando la letra «A» como símbolo de la marca. Esta línea busca consolidarse como la puerta de entrada al portafolio y reforzar su presencia en restaurantes y hoteles, ofreciendo una propuesta premium accesible que refleja el estilo de la viña: vinos elegantes, equilibrados y con fuerte sentido de origen.
En tanto, sus etiquetas ícono, Lazuli y SOLdeSOL, actualizan su imagen con cambios sutiles que mantienen intacto su posicionamiento. Ambas continúan siendo referentes del vino chileno de alta gama, con reconocimientos constantes de la crítica especializada y puntajes entre 95 y 97 puntos en publicaciones como Descorchados, Tim Atkin y La CAV.






La renovación responde también a una transformación del mercado. Hoy los consumidores buscan vinos con historia, identidad territorial y mínima intervención, privilegiando beber menos, pero elegir mejor. En ese escenario, Aquitania reafirma una propuesta basada en terroirs únicos y una viticultura enfocada en expresar el origen.
Uno de esos territorios es Peñalolén, en Maipo Andes, donde la viña cultiva uno de los pocos viñedos urbanos de alta gama del país. Gracias a su ubicación privilegiada en Santiago, este espacio se ha convertido además en un importante polo de enoturismo, acercando el mundo del vino al consumidor a través de visitas, degustaciones y experiencias en el viñedo.
A ello se suma el Valle del Malleco, donde Aquitania fue pionera en el desarrollo de la vitivinicultura de clima frío en Chile, contribuyendo a posicionar una de las zonas emergentes más interesantes del país.
Con esta nueva etapa, la viña busca fortalecer su presencia en la gastronomía nacional, consolidando su participación en los principales restaurantes del país y proyectando un crecimiento de 20% durante 2026.
