Lo que comenzó en 2015 con la apertura de un hostel familiar en el barrio Almendral hoy se transformó en un ecosistema que reúne restaurantes, cowork, turismo y vida cultural. Detrás del proyecto están Esteban Oroz y Josip Pusic, quienes han impulsado una visión que busca demostrar que Valparaíso todavía puede generar identidad, movimiento y experiencias urbanas con sello propio.
En esta entrevista conversan sobre ciudad, abandono, turismo, gastronomía y las razones que todavía los hacen creer en el puerto.

Ciudad y resistencia
Valparaíso parece vivir constantemente entre la crisis y la reinvención. ¿Cómo se construye hospitalidad en una ciudad que muchas veces está sobreviviendo?
Precisamente ahí está el desafío, pero también la belleza de Valparaíso. Nosotros no nacimos dentro del circuito turístico tradicional. Estamos en el Barrio Almendral, un sector históricamente comercial que durante años fue perdiendo movimiento y visibilidad.
La Joya nace desde una convicción muy simple: si queremos que la ciudad vuelva a levantarse, alguien tiene que volver a invertir en ella, creer en ella y generar espacios de calidad.


Por eso decidimos construir algo más grande que un restaurante. Creamos un ecosistema donde conviven gastronomía, hospitalidad y trabajo creativo: La Joya Sanguches, La Joya Hostel y Paralelo Cowork.
Nuestro proyecto no busca esconder la realidad de Valparaíso; busca demostrar que todavía existe energía, identidad y comunidad capaces de revitalizar la ciudad.
¿Qué tan difícil es convencer a la gente de volver a salir, recorrer y consumir en Valparaíso después de todo lo que ha vivido la ciudad en los últimos años?
Es un desafío importante, porque después de la pandemia cambiaron profundamente los hábitos de las personas. Hoy el público es mucho más selectivo: busca seguridad, calidad y experiencias que realmente valgan la pena.
Además, Valparaíso ha cargado durante años con una narrativa muy enfocada en sus problemas, lo que muchas veces termina eclipsando todo lo positivo que sigue ocurriendo en la ciudad.
Nosotros hemos tratado de hacernos cargo de eso desde nuestra vereda, generando espacios seguros, cómodos y con altos estándares de calidad.

Pero también creemos que el desafío es colectivo. Valparaíso necesita volver a ofrecer una experiencia urbana atractiva, donde cultura, gastronomía y turismo trabajen juntos para recuperar la confianza de las personas.
¿Sienten que hoy abrir un restaurante en Valparaíso es solamente un negocio o también una postura frente al abandono de ciertos sectores?
Creo que es una mezcla de ambas cosas. Naturalmente existe una visión empresarial, porque la gastronomía es una industria compleja y muy demandante. Muchas veces, desde afuera, se piensa que tener un restaurante es sinónimo de éxito inmediato, pero la realidad es completamente distinta: hay mucha gestión, riesgo y trabajo detrás.
Pero al mismo tiempo, abrir un proyecto como La Joya en un sector históricamente abandonado también es una declaración de principios. Nosotros decidimos apostar por un barrio que durante años estuvo fuera del foco turístico y comercial.
Con esfuerzo, convicción y amor por Valparaíso, demostramos que es posible transformar espacios olvidados en lugares vivos, activos y con identidad. Más que instalar un negocio, quisimos revitalizar una calle y un barrio.
Identidad porteña
¿Qué cosas de Valparaíso siguen inspirando la identidad de La Joya y cuáles creen que la ciudad ha perdido con el tiempo?
La Joya nace precisamente desde esa identidad porteña. El nombre hace referencia a «La Joya del Pacífico» y, desde el principio, quisimos recuperar ese orgullo histórico de la ciudad.
Nuestra propuesta tiene elementos muy ligados al puerto: la cultura popular, la música, la vida de barrio, el imaginario marítimo y también el fútbol, especialmente Santiago Wanderers como símbolo histórico de Valparaíso.
Pero al mismo tiempo sentimos que la ciudad ha ido perdiendo sentido de pertenencia. Muchas veces falta mayor cuidado por los espacios comunes, la limpieza, la arquitectura y la propia identidad cultural que hizo única a Valparaíso.




Desde nuestro proyecto intentamos demostrar que todavía se puede hacer ciudad con cariño, dedicación y una mirada de largo plazo.
Mucha gente consume Valparaíso desde una mirada turística muy superficial. ¿Cómo intentan mostrar un puerto más real a través de sus espacios?
Nosotros nunca quisimos construir un lugar pensado solamente para turistas. La idea siempre fue crear un ecosistema auténtico, donde convivieran públicos distintos: porteños, viajeros, emprendedores, artistas, estudiantes y profesionales.
El restaurante conecta mucho con el público local; el hostel trae visitantes de distintas partes del mundo; y el cowork reúne empresas, instituciones y trabajadores creativos. Esa mezcla genera una experiencia mucho más real y orgánica de la ciudad.
Quien llega a La Joya no vive un Valparaíso «de postal», sino un Valparaíso vivo, contemporáneo y en movimiento.
Gastronomía y experiencia
Hoy la gente ya no busca solamente comida. ¿Qué tipo de experiencia creen que necesita el público actual cuando entra a un restaurante, hostel o bar?

Hoy las personas buscan experiencias con identidad. La comida sigue siendo importante, pero ya no es suficiente por sí sola. La gente quiere sentirse parte de un lugar, conectar con una atmósfera, descubrir una historia y vivir algo memorable. Busca autenticidad.
Por eso trabajamos mucho la experiencia completa: la música, la atención, la arquitectura, el ambiente, el diseño y también el relato detrás de cada espacio.
Entre hamburguesas, pizzas, hostel y cowork, el grupo ha creado distintos conceptos. ¿Cómo logran que todos tengan una identidad propia pero manteniendo una misma visión?
Cada proyecto tiene personalidad propia, pero todos comparten la misma esencia: identidad, calidad y sentido de comunidad.
La Joya, Cantina y Sanguches tiene una energía mucho más urbana y gastronómica; Don Berna Pizza rescata el oficio artesanal de las masas, inspirado en el legado de mi padre y sus panaderías —de ahí el nombre—; el hostel está enfocado en hospitalidad y experiencia internacional; y Paralelo Cowork apunta a creatividad, colaboración y trabajo.
Pero todos conviven bajo una misma visión: crear espacios auténticos que aporten vida al barrio y conecten personas distintas en un mismo lugar.
Turismo y futuro
¿Qué necesita hoy Valparaíso para volver a posicionarse como uno de los destinos gastronómicos y culturales más importantes de Chile?
Valparaíso necesita volver a creer en sí mismo. La ciudad tiene historia, patrimonio, arquitectura, cultura y una identidad que ninguna otra ciudad de Chile posee.
Pero para volver a posicionarse necesita coordinación, visión y proyectos que reactiven sus barrios.
También hace falta una conversación más equilibrada sobre la ciudad. Valparaíso tiene problemas reales, pero también muchísima creatividad, talento y capacidad de reinvención.




Si logramos potenciar eso desde lo público y lo privado, el puerto puede volver a convertirse en un referente cultural y gastronómico muy potente.
¿Creen que el turismo en Valparaíso está cambiando?, ¿Qué tipo de visitante llega hoy al puerto comparado con hace algunos años?
Sí, el turismo ha cambiado muchísimo. Hoy llega un visitante mucho más conectado con las experiencias, la cultura local y el trabajo remoto.
Antes predominaba un turismo más rápido o tradicional. Hoy vemos viajeros que quieren quedarse más tiempo, trabajar desde la ciudad, integrarse con la comunidad y descubrir espacios auténticos.
Ahí es donde proyectos como el nuestro toman fuerza, porque combinan alojamiento, gastronomía y cowork dentro de un mismo ecosistema.
Visión personal
Después de incendios, crisis y momentos complejos para la ciudad, ¿qué es lo que todavía los hace creer y apostar por Valparaíso todos los días?
En nuestro caso, es algo profundamente personal. El edificio donde hoy funciona el hostel fue nuestra casa familiar. En 1990 se incendió la panadería de mi padre, que también era nuestra fuente de trabajo. Perdimos prácticamente todo.

Pero también aprendimos algo muy importante: las ciudades, al igual que las personas, pueden reconstruirse. Mi padre logró salir adelante y nosotros heredamos esa cultura del esfuerzo, del trabajo y de volver a empezar.
De alguna manera, La Joya también representa eso: transformar una historia difícil en un espacio lleno de vida. Por eso seguimos apostando por Valparaíso, porque conocemos sus heridas, pero también conocemos su enorme potencial.
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Reservas
Dirección: Quillota 80 y Eusebio Lillo 222, Valparaíso, Chile.
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