A sus 23 años, Lucía Requena dio sus primeros pasos en una cocina sin imaginar que, una década después, lideraría una de las parrillas más reconocidas de Mendoza. Su trayectoria no es lineal ni perfecta; es una historia de pausas, aprendizajes y decisiones valientes. Pasó por un boliche de Chacras, por el ritmo vertiginoso de un patio cervecero, por la disciplina técnica de Bröd Bakery y por el rigor creativo de Centauro —un lugar que ella misma define como un quiebre total en su manera de entender la cocina—.
Hoy, como chef ejecutiva de La Cabrera Mendoza, Lucía encarna una nueva generación de cocineras que combinan oficio, sensibilidad por el producto y una comprensión muy lúcida del servicio. Estas preguntas buscan iluminar ese recorrido y profundizar en cómo su visión está marcando el presente del restaurante.

Trayectoria y primeros pasos
Empezaste en gastronomía en un boliche de Chacras de Coria. ¿Qué aprendizajes de ese entorno inicial todavía te acompañan en tu forma de cocinar y de liderar?
Mis primeros pasos en gastronomía fueron en un boliche de Chacras de Coria, un entorno caótico pero profundamente formador. Ahí aprendí a trabajar bajo presión, a moverme rápido y a entender la importancia del trabajo en equipo. Descubrí que la cocina es un oficio que se construye día a día con humildad, con ganas de aprender y con respeto por cada rol.
Hoy lidero desde el amor, el respeto y la empatía. Entiendo que las relaciones dentro de la cocina son simbióticas: enseño y aprendo al mismo tiempo.
Tras un período fuera de las cocinas por motivos familiares, ¿qué te reveló ese tiempo sobre tu vínculo con la gastronomía cuando decidiste volver?
Ese tiempo me confirmó que la cocina es mi lugar en el mundo. Volver no fue una decisión racional, sino una necesidad emocional. Extrañaba el ritmo, las corridas, la adrenalina del servicio, pero sobre todo el sentido de pertenencia.
Regresé con más madurez y con la certeza de querer explotar mi potencial al 100%.
Evolución profesional

En Bröd Bakery pasaste de ayudante a Jefa de Cocina. ¿Qué actitudes, habilidades o decisiones creés que hicieron posible ese crecimiento dentro de un equipo tan exigente?
En Bröd Bakery crecí porque siempre trabajé con una mentalidad de aprendizaje. Me animé a pedir más responsabilidades, a preguntar, a equivocarme y a corregir. La constancia fue clave: querer ser cada día un 1% mejor que el anterior.
Entendí la importancia de la organización y de la técnica, pilares que aún sostengo. Descubrí que liderar no es hablar más fuerte, sino escuchar más profundo y trabajar a la par del equipo.
Cuando aceptaste incorporarte a Centauro como pastelera, asumiste un rol fuera de tu zona de confort. ¿Qué te impulsó a dar ese salto y qué transformó en tu mirada técnica?
Me impulsó justamente eso: salir de mi zona de confort. Sentí que, si realmente quería crecer en la profesión, debía enfrentar nuevas técnicas, y la alta cocina era una deuda pendiente.
Centauro me exigió un nivel técnico y creativo que nunca había experimentado. Ahí entendí que la excelencia es un hábito cotidiano, que cada detalle importa. Aprendí a pensar la cocina con más precisión, más rigor, más concepto y con un respeto absoluto por cada paso.
Centauro como punto de inflexión

Centauro fue un antes y un después en tu trayectoria. ¿Cuáles fueron los detalles, las técnicas o la cultura de trabajo que realmente marcaron un cambio profundo en tu formación?
La precisión técnica, la disciplina y la búsqueda constante de perfección fueron claves, pero lo que más me marcó fue la cultura de respeto por el producto y la claridad creativa. En Centauro aprendí a pensar cada preparación desde el «por qué», no solo desde el «cómo». Me dejó un estándar muy alto: nada sale si no está perfecto.
Fue la primera vez que sentí que podía ser mejor de lo que creía.
¿Cómo trasladás hoy, en una cocina de alto volumen como La Cabrera, la filosofía de «valorar el producto al 100%» que aprendiste allí?
Cuidar el producto es un desafío diario, sobre todo en una cocina de alta demanda como La Cabrera. Lo hago desde la selección de la materia prima y desde el respeto por las técnicas.
Enseño a no perder la sensibilidad por el producto incluso en los momentos de mayor presión. Valorar el producto es no negociar la calidad.
La Cabrera Mendoza: liderazgo y presente
Llegaste a La Cabrera a días de su apertura y hoy diriges toda la cocina. ¿Cómo viviste ese proceso de crecer junto al proyecto y asumir un rol de liderazgo en tan poco tiempo?
Crecer junto al proyecto me hizo verlo de otra manera: valorarlo y sentirlo como propio. Ese sentido de pertenencia me abrió las puertas para dar el salto y estar donde estoy hoy.











Es un desafío enorme, pero también una oportunidad única: somos una franquicia mundial dentro de un hotel internacional.
Yo doy todo, y este lugar me enseña todo.
Dirigir la cocina de una parrilla emblemática dentro de un hotel internacional como es Hualta Hotel Mendoza, Curio Collection by Hilton implica equilibrar identidad, consistencia y exigencia. ¿Cuál ha sido el mayor desafío en esa intersección?
Lograr que La Cabrera mantenga su esencia dentro de un entorno con estándares globales implica encontrar el equilibrio entre lo tradicional y lo técnico, entre la impronta de la marca y las exigencias de un hotel internacional.
Mi mayor desafío es alinear al equipo bajo una misma visión y sostener la calidad todos los días, sin importar la demanda ni el contexto.
Visión personal y proyección

¿Qué sello personal sientes que ya imprimiste en La Cabrera Mendoza y cuál te gustaría seguir consolidando en los próximos meses?
Creo que mi sello está en la energía humana de la cocina: la organización, la empatía y la conversación constante. También en el nivel técnico y en la búsqueda de consistencia.
Seguir consolidando un equipo sólido, motivado y orgulloso de lo que hace, para elevar aún más la experiencia gastronómica del restaurante.
Siempre digo que, si veo a un compañero mal o distraído, «siempre voy a tener cinco minutos para hablar», de lo que sea y de lo que necesite. A veces sentirse escuchado es el empujón que falta para recuperar la motivación.
¿Cómo ves la evolución de la gastronomía mendocina y qué papel imaginás para La Cabrera —y para ti como chef— dentro de ese escenario en movimiento?
La gastronomía mendocina está en una etapa de expansión hermosa: más identidad, más técnica, más riesgo.
La Cabrera es parte de ese movimiento desde un lugar de excelencia, no solo por su volumen, sino por su capacidad de elevar la vara en una categoría clásica como la parrilla.

Me imagino acompañando ese crecimiento con profesionalismo, creatividad y una gestión que pone a las personas en el centro.
Me gustaría hacer colaboraciones con otros chefs provinciales para mostrar el producto local y atraer la atención de locales y turistas, y así seguir llevando a Mendoza a lo más alto. El talento local es increíble.
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En cada etapa de su recorrido, la chef demuestra que la excelencia se construye con técnica, sensibilidad y un liderazgo que pone en valor tanto al producto como a las personas. Su historia refleja el pulso de una gastronomía mendocina en pleno movimiento y el compromiso de quienes la elevan todos los días.
En La Cabrera Mendoza, su presente se vuelve también una declaración de futuro: trabajo, pasión y una visión que sigue creciendo.
Reservas
Reserva: lacabrera-mendoza.meitre.com
Sito Oficial: lacabreramendoza.ar
Dirección: Primitivo de la Reta 1015, Hualta Winery Hotel Capital, Mendoza, Argentina.
